#100 años del nacimiento de Fidel Castro
Hace cien años nació Fidel Castro. Pero su legado no pertenece únicamente a la historia de
Cuba. Pertenece a la historia de todos los pueblos que se han enfrentado al colonialismo y
al imperialismo; de todos aquellos que comprendieron que la revolución solo puede
organizarse mediante la lucha organizada y la defensa inquebrantable de la soberanía
amenazada por el imperialismo.
La Revolución Cubana demostró que incluso un pequeño país podía desafiar a la mayor
potencia imperialista y resistir durante décadas el bloqueo económico, la agresión, el
sabotaje y el aislamiento internacional sin renunciar a su independencia. Aquella victoria
transformó para siempre el mapa político de América y se convirtió en un faro para los
movimientos de liberación nacional, las luchas antiimperialistas y las revoluciones del
mal llamado Tercer Mundo.
Fidel Castro no fue únicamente el dirigente de la Revolución Cubana. Fue uno de los
grandes referentes revolucionarios del siglo XX. Comprendió que la lucha de Cuba formaba
parte de una batalla mucho más amplia contra el sistema imperialista mundial y, por ello,
hizo del internacionalismo un principio irrenunciable. Desde Angola hasta Namibia, desde
Argelia hasta Vietnam, desde América hasta Palestina, la solidaridad de la Revolución
Cubana dejó una huella imborrable allí donde un pueblo combatía por su libertad y su
dignidad.
Su legado tampoco se limita a las victorias militares o a las conquistas sociales alcanzadas
por la revolución.
Fidel defendió, durante toda su vida, el derecho de los pueblos a construir
su propio destino sin injerencias extranjeras, denunció incansablemente las guerras de
agresión, el saqueo de los países dependientes y el orden internacional impuesto por las
grandes potencias. En una época marcada por las derrotas del movimiento comunista y el
triunfalismo del capitalismo, mantuvo firme la convicción de que la historia no había
terminado y de que la lucha por el socialismo seguía siendo la única alternativa capaz de
liberar a la humanidad de la explotación, la miseria y la guerra.
A cien años de su nacimiento, cuando el imperialismo continúa sembrando destrucción,
promoviendo golpes de Estado, bloqueos, intervenciones y nuevas formas de dominación
sobre los pueblos del mundo, el ejemplo de Fidel conserva toda su vigencia. Recordarlo no
significa convertirlo en una figura del pasado, sino asumir el compromiso de continuar la
lucha que él representó.
Hay hombres que trascienden su tiempo y se convierten en
patrimonio de todos los pueblos en lucha. Fidel Castro es uno de ellos. Su ejemplo continúa
vivo allí donde un pueblo resiste, donde una bandera antiimperialista se levanta y donde un
revolucionario se niega a aceptar que la explotación y la injusticia sean el destino inevitable
de la humanidad.
“Fidel es un hombre de tan enorme personalidad que, en cualquier movimiento donde
participe, debe llevar la conducción (...). Con estas grandes cualidades cardinales, con su
capacidad de aglutinar, de unir, oponiéndose a la división que debilita, su capacidad de
dirigir a la cabeza de todos la acción del pueblo, Fidel Castro hizo más que nadie en Cuba
para construir de la nada el aparato hoy formidable de la Revolución cubana.” (Ernesto
“Che” Guevara, Cuba ¿Excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonialista?, 1961)