El punto central de la teoría de Anwar Shaikh es que el capitalismo se basa en la búsqueda continua de un beneficio cada vez mayor, es decir, en la acumulación de capital. Al comienzo del séptimo capítulo de su obra de 2016, resume el capital como «una forma social particular de riqueza basada en el motor del beneficio». En la forma capitalista de producción, los agentes buscan, ante todo, aumentar su beneficio.
Este último es, por tanto, el núcleo social de la organización económica y no la demanda, las innovaciones o los precios. En realidad, estos elementos no son más que consecuencias de la búsqueda del beneficio. Esto es lo que permite a Anwar Shaikh rechazar las concepciones económicas al estilo de Jean-Baptiste Say (1767-1832), que consideran la oferta como la fuente del crecimiento, al igual que las visiones keynesianas, que estiman que la reactivación de la demanda permite sostener la rentabilidad.
Este enfoque permite a Anwar Shaikh desarrollar su mayor avance conceptual: «la competencia real». En la carrera por el beneficio, «cada capital individual entra en colisión con los demás que intentan hacer lo mismo», lo que conduce a un caos generalizado, pero no del todo sin sentido, ya que sigue estando permanentemente regido por «el motor del beneficio».
Esta competencia «enfrenta a los vendedores entre sí, a los vendedores con los compradores y a los compradores entre sí, al capital con el capital, al capital con el trabajo y al trabajo con el trabajo». Los productores intentan reducir constantemente los costes de producción, ya sea bajando los salarios, alargando la jornada laboral o recurriendo a los avances técnicos.
Pero estas mismas acciones provocan cambios en la competencia entre empresas y capitales, así como en la demanda de los hogares. Por ello, la competencia real no viene determinada por la oferta y la demanda, ya que «ambas pueden cambiar en respuesta a las oportunidades de beneficio». El fenómeno da lugar entonces a «fluctuaciones perpetuas en torno a centros de gravedad que a su vez son cambiantes».
En la competencia real de Shaikh, el equilibrio y la estabilidad son imposibles de alcanzar y, por lo tanto, no son más que ilusiones. El único estado posible es el de «la tendencia al equilibrio turbulento», que es muy diferente del equilibrio estable de los neoclásicos. «Nunca se alcanza un equilibrio exacto, sino ajustes constantes y fluctuaciones, porque todo lo que se hace tiene repercusiones en otros ámbitos», resume Anwar Shaikh en la entrevista concedida a Historical Materialism citada anteriormente.
Esto es lo que le lleva a afirmar en Capitalism que «la competencia real está tan lejos de la supuesta competencia pura y perfecta como la guerra lo está del ballet». Y no se trata solo de una comparación. La competencia real es una guerra en la que se despliegan estrategias, tácticas y propaganda, y en la que hay vencedores y vencidos.