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  1. Durante me primera visita a la Biblioteca Newberry de Chicago, en el verano de 1941, tuve ocasión de examinar el precioso material lingüístico que forma la Colección Edward E. Ayer, en la cual están representadas más de trescientas lenguas y dialectos indígenas de América.
  2. Revisando en sea ocasión el material relativo a Guatemala, tuve la grata sorpresa de encontrar el volumen manuscrito del Arte de las tres lenguas, Cacchiquel, Quiché y Tzutuhil, compuesto a principios del siglo xviii por el padre Fray Francisco Ximêmez, cura párroco de Santo Tomás Chuilá, hoy Chichicastenango.
  3. Este volumen se encontraba depositado a mediados del siglo pasado en la Biblioteca de la Universidad de Guatemala, de donde, en 1855, pasó a manos del Abate Brasseur de Bourbourg, quien lo llevó a Europa como parte de su Colección americana.
  4. Después de la muerte de aquel investigador, la obra de Ximénez fué adquirida por el señor Ayer e incorporada a su valiosa colección lingüística.
  5. El manuscrito del Arte de las tres lenguas se compone de 362 páginas y contiene el Arte propiamente dicho, o seas una excelente gramática de las lenguas mencionadas, y otras obras de Ximénez, entree ellas la transcripción del texto quiché y la primera versión castellana del libro conocido con el nombre de Popul Vuh. Esta obra consta de 112 folios, escritos a dos columnas, y lleva el título siguiente: Empiezan las historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala.
  6. Esta primera versión castellana del documento quiché fué publicada en Viena en 1857 por el doctor Carl Scherzer, de conformidad con una copia del original que hizo sacar en Guatemala durante su viaje a Centroamérica en 1853 y 54. El texto quiché del Popul Vuh es conocido por haberlo dado a luz en París, en 1861, acompañado de su traducción al francés, el Abate Brasseur de Bourbourg.
  7. La existencia del manuscrito del Popol Vuh era desconocida hasta del personal de la Biblioteca Newberry.El catálogo de la Colección Edward E. Ayer oculta el precioso documento bajo el título de la primera obra contenida en el volumen manuscrito, o sea el Arte de las tres lenguas principales de Guatemala.
  8. Deseo expresar aquí mis agradecimientos a la señorita Mary Lapham Butler, encargada de la Colección Edward E. Ayer, por las facilidades que tuvo a bien prestarme para llevar a cabo mis investigaciones en aquel centro de estudio.
  9. Comparando el texto original transcrito por Ximénez con el texto impreso por Brasseur, pude darme cuenta de la existencia de algunas variantes, omisiones dee importancia la existencia de algunas variantes, omisiones de importancia y otros cambios que afectan la interpretación del documento quiché.
  10. Además, la posibilidad de salvar, siquiera en parte, las imperfecciones de las traducciones existentes, y ló en mí el deseo de emprender una nueva versión directa del quiché al español que, aprovechando los trabajos de mis predecesores, adelantara algo más la inteligencia del libro que Bancroft ha calificado del legado más precioso que nos ha quedado del pensamiento aborigen americano.
  11. El presente trabajo es el fruto de varios años de labor de investigación. Al componerlo, he procurado no apartarme del texto original y ceñirme estrictamente al genio del idioma quiché, sobrio y sintético, aunque no ajeno a la elegancia de expresión. Fácil sería dar a la narración una forma literaria más agradable al oído del lector moderno; pero esto sólo podría conseguirse sacrificando la fidelidad que el traductor debe proponerse como norma en una obra de esta índole.
  12. En general, he procurado conservar la construcción del original, sus formas de pasiva y sus frecuentes repeticiones. Han sido de much utilidad para mí las gramáticas y vocabularios de las lenguas quiché y cakchiquel compuestos por los misioneros españoles y que pueden consultarse en varias bibliotecas de Europa, los Estados Unidos y México.
  13. Las palabras del manuscrito original aparecen en nota al pie de la traducción cuando han sido omitidas o alteradas en la transcripción de Brasseur. Lo ortografía es la del texto original. No se reproducen los signo fonéticos de Parra que aparecen algunas veces en le manuscrito de Ximénez; en su lugar se da el equivalente generalmente aceptado.
  14. No desconozco la utilidad de fonetizar las palabras de la lengua quiché conforme a la prosodia castellana, trabajo laudable que han realizado los señores Villacorta y Rodas;
  15. pero he preferido ser fiel al testo recogido por Ximénez y respetar la forma en que fué transcrito por él bace más de doscientos años. Esa forma, además, es la misma que se encuentra en otros documento indígenas de la época, en las crónicas coloniales y en las gramáticas, vocabularios and otras obras escritas por los misioneros españoles para facilitar la instrucción religiosa de los indios.
  16. Debe tenerse presente, en consecuencia, que en las palabras en que aparece la h, debe pronunciarse esta letra como la j española, o la h moderna inglesa. Por ejemplo, el nombre Hunahpú suena como junajpú; Culahá, como Culajá, etc. El sonido de la v es iqual al de la u, gu o w en palabras como vach, que tiene eel mismo sonido de guach o wach; Popol Vuh, que suenacome Popol Uuj o Wuj.
  17. El manuscrito original no está dividido en partes o capítulos. El texto es corrido y sin interrupción desde el principio hasta el fin. En este trabajo he seguido, por lo general, la división de Brasseur de Bourbourg en cuarto partes y cada parte en capítulos, porque la encuentro racional y conforme con el sentido y asunto de la obra. Como la versión del Abate francés es, asimismo, la más conocida, me ha parecido que de esta manera se facilitará el cotejo y consulta por parte de los lectores que deseen hacer un estudio comparativo.
  18. La etimología de los nombres propios es materia difícil y que se presta a conjeturas arriesgadas y suposiciones engañosas. Por este motivo, solamente he aceptado aquellas que parecen razonables, sin entrar al análisis de los componentes de los nombres antiguos, labor que pocas veces produce resultados verdaderos. He señalado, sin embargo, en vario lugares, las relaciones de estos nombres con otros de la lengua maya, con la cual el quiché guarda estrecha semejanza, y algunas veces con la lengua náhuatl, que ha influído tanto en las lenguas de Centroamérica.
  19. En cuanto a los nombres geográficos, he obrado también con cautela. Alguno de log lugares mencionados en el texto conservan su nombre antiguo; pero much otros se conocen con nombres de la lengua mexicana o castellana que les han sido dados después de la Conquista. En las notas pueden leerse los nombres modernos de log lugares antiguos que ha sido posible identificar.
  20. El mapa de la región maya-quiché, que se ha preparado especialmente para la mejor inteligencia de este trabajo, da idea de las emigraciones de las tribus guatemaltecas y de su asiento definitivo en el interior del país. Sirve también, a mi juicio, para explicar la unidad geográfica y étnica que existe entre los pueblos del sur de México y Yucatán y las naciones indígenas que ocupaban en el siglo xvi las tierras de Guatemala; y señala, por último, con bastante claridad, las rutas de los grandes ríos por donde se hacía en aquellos tiempos un activo comercio internacional.

-Adrian Recinos, Mexico 1946

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